El mito del Libre Mercado y del Libre Comercio

El mito del Libre Mercado y del Libre Comercio

Por Roberto Chiazzaro * | 27-9-18

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“En los últimos años pareciera que los cambios en la economía mundial son cada vez más acelerados. Asistimos a un proceso de reordenación ya que, la potencia hegemónica surgida en el siglo XX, ve peligrar su posición y modifica sustancialmente su metodología de inserción internacional.”

Esta nueva estrategia de los EUA ha generado múltiples tensiones en el relacionamiento de esta nación con China, la Unión Europea, Rusia, Canadá, Turquía, Argentina, Brasil, México y otros países emergentes. Estas tensiones” son sintomáticas del deterioro del poder de los Estados Unidos y de los cambios en la correlación de fuerzas global. La actual estrategia no es el resultado de que Donald Trump está en el poder, sino que Trump está en el poder debido a la necesidad de enfrentar los nuevos desafíos ante los que se encuentra la hegemonía estadounidense, surgida tras la II Guerra Mundial”

Prueba de lo aseverado precedentemente es que, de acuerdo a estudios llevados a cabo por la OCDE, se estima que en el 2060 “ China e India representarán, cada una de ellas, entre el 20% y 25% de la economía global , mientras que los países de la OCDE, en conjunto, representarán poco más del 40%. De este modo, ambos países se alzarán como la primera y segunda economía del mundo, respectivamente, quedando los Estados Unidos en tercer lugar. En cuarto lugar irrumpiría otra economía asiática: Indonesia”. O sea que, el centro de gravedad de la economía mundial se traslada, desde Norteamérica y Europa, hacia el continente asiático.

En enero del 2017 Donald Trump asume la Presidencia de los Estados Unidos, siendo uno de sus principales objetivos, como ya lo hemos dicho, recuperar para su país, el papel hegemónico que ha detentado desde el fin de la II Guerra mundial, fundamentalmente en lo referido a la hegemonía en el plano económico. Para ello implementa un giro sustancial en la estrategia de inserción internacional de los Estados Unidos, dejando de lado los principios del libre comercio y del libre mercado, retorna a la adopción de posturas proteccionistas, apelando para ello a un discurso ultranacionalista.

Donald Trump abandona la estrategia diseñada por Barak Obama para aislar a China en la zona del Pacífico, deja de lado, por el momento, el Proyecto del TPP, lo mismo hace con el proyecto destinado a crear una amplia zona comercial entre la UE y los Estados Unidos, señalando que el diseño de estos mega acuerdos de comercio, dadas sus características, perjudican los intereses de su Nación. En tal sentido entiende que resulta conveniente la celebración de Acuerdos de Comercio Bilaterales, ya que con este tipo de instrumentos puede imponer reglas de juego que inclinan la balanza a favor de los intereses de los Estados Unidos. Lo que está sucediendo con la renegociación del NAFTA (Acuerdo entre los Estados Unidos, Canadá y México), es una clara demostración del ejercicio de esta nueva estrategia de inserción internacional en la cual, la potencia hegemónica exige, al socio más débil, México, concesiones obtenidas en una negociación bilateral, las cuales intentará imponer, seguramente, al tercer interesado.

También forma parte de esta nueva estrategia de inserción internacional, el haber desatado una Guerra Comercial mediante el mecanismo de elevación de los aranceles de importación. Donald Trump no solo afecta los intereses comerciales de China, sino los de otras naciones que se ven afectadas por estas medidas. Las naciones afectadas, en algunos casos, responden, aplicando hacia los Estados Unidos, medidas del mismo tenor , generando así una situación, que por momentos nos hacen rememorar, el escenario previo, a la Gran Crisis del Sistema Capitalista de las primeras décadas del Siglo pasado.

Resulta interesante analizar algunas excepciones admitidas por Trump en lo que respecta a la elevación de aranceles, en particular, los que recaen sobre el aluminio y el acero. Tanto Argentina como Brasil resultaron exceptuados, de la aplicación de esta medida, actitud, que se corresponde con la bienvenida que ambas están dando a la vigorizada presencia de la Nación del Norte en su Patio Trasero.

El retorno de los Estados Unidos al Proteccionismo, es algo que por cierto no debe sorprendernos, en tal sentido es bueno apelar a los aportes que nos brinda el estudio del desarrollo del sistema capitalista. Sin embargo, resulta imprescindible para comprender porque, para algunos, este retorno al Proteccionismo, resulta sorprendente, hacer el siguiente señalamiento:

El dogma liberal se basa en dos creencias muy extendidas: “el libre comercio beneficia a todos los participantes(es decir, que a los países que lo adoptan les va mejor que a los que restringen importaciones y limitan el contacto con el resto del mundo) y que la posibilidad de comerciar bienes y exportar capital libremente es un elemento constitutivo de la libertad”

Los liberales suelen desestimar la poca firmeza del sustento intelectual e histórico de la primera creencia, así como desestiman el perjuicio que su compromiso con la segunda creencia causa a la legitimidad política de los gobiernos.

Se suele afirmar que el avance del sistema capitalista en Europa Occidental y los Estados Unidos, a lo largo del S XIX, debe atribuirse a la propagación del libre comercio y del libre mercado ya que los Gobiernos de esos Estados no aplicaban impuestos ni imponían restricciones al comercio internacional (libre comercio) ni interferían en los asuntos del mercado (mercado libre). Nada más lejos de la realidad: los Gobiernos de esos Estados desempeñaron un papel crucial en el desarrollo del capitalismo.

Enrique VII (1445-1509) promovió el desarrollo de la industria textil lanera, compitiendo con la de los Países Bajos, mediante la aplicación de elevados impuestos, e incluso propiciaron el ingreso de maestros originarios de aquellas naciones para desarrollar la tecnología del tejido que por cierto en mucho superaba la de Inglaterra Esta intervención estatal y la imposición de altos gravámenes permitió que ya en el S XVII los productos textiles lanares constituyesen el 50% de los ingresos británicos por exportaciones .

En 1721 Robert Walpole, primer ministro británico, implementó un programa de desarrollo industrial basado en la protección arancelaria y subvenciones, con el fin de estimular las exportaciones, a industrias consideradas estratégicas. Esto llevo a que, ya en 1770 Adam Smith, vista la delantera que Inglaterra llevaba a las otras naciones, en materia de desarrollo industrial, considerase que resultaba innecesaria la protección industrial. Sin embargo recién en 1860 será que Inglaterra decide adoptar el libre comercio, cuando su supremacía comercial era incuestionable.

Luego de obtener su independencia, el primer Ministro que estuvo al frente de la Economía en los Estados Unidos, Alexander Hamilton manifestó que el Gobierno de una Nación atrasada como lo era la suya debía proteger a” la industria desde su infancia” hasta que se desarrollase y pudiese competir con la industria extranjera y que para ello resultaba necesario la aplicación de aranceles, subsidios , inversiones en el desarrollo de la infraestructura y la creación de leyes de patentes para incentivar los inventos( un visionario de la defensa de la Propiedad Intelectual, tan de moda hoy en día). Estas ideas de Hamilton marcaron un cambio de rumbo, así en 1816 la política comercial estadounidense se volvió cada vez más proteccionista (como vemos, Donald Trump no ha innovado nada en la materia). En 1830 los Estados Unidos tenían los aranceles industriales medios más altos del mundo, y así los mantuvo hasta la Segunda Guerra Mundial.

“El libre comercio” no fue el responsable del surgimiento del capitalismo, pero por cierto fue el que lo propagó a lo largo del S. XIX, especialmente fue determinante en la expansión del mismo en la periferia del mundo desarrollado, en Asia y en América Latina. En realidad si nos detenemos en los detalles de la historia, que por cierto muchos economistas no lo suelen hacer, el resultado de la expansión del capitalismo no debería ser asociado con la palabra “libre”

La expansión del comercio en las regiones de Asia y en América Latina, más bien estuvo asociado al uso de la fuerza o a la amenaza de hacer uso de la misma.

La colonización fue la ruta obvia hacia “el libre comercio no libre”, también fue aplicado “el libre comercio” a países que no habían sido colonizados, empleando la llamada “diplomacia de las cañoneras”, así con esta metodología, no tan libre por cierto, se obligaba a firmar los llamados “tratados desiguales” los cuales privaban a los signatarios de la parte débil a gozar de autonomía arancelaria (el derecho a imponer sus propios aranceles).

“La incapacidad para proteger y promover su industria naciente, ya fuera debido al dominio colonial directo o a los tratados desiguales, fue un factor de peso que contribuyó al retroceso económico de Asia y de América Latina durante este período, en que tuvieron crecimiento negativos de la renta per cápita”

Lo señalado precedentemente no se trata de un debate histórico, por el contrario, este es un debate que tiene particular vigencia para nuestra Región. La discusión sobre libre cambio y proteccionismo se ha desarrollado a lo largo de siglos. Es así que se ha dado una paradoja, quienes hoy defienden el liberalismo, que no solo los encontramos en los países desarrollados, también existen, y cada vez más, defensores del libre mercado y del libre comercio, en el seno de una región sub desarrollada, como lo es nuestra América Latina, parecen ignorar, que el desarrollo que determinados países han alcanzado, lo lograron a partir de políticas económicas de neto cuño proteccionista. Pero una vez alcanzado determinado nivel de desarrollo, en su momento, y hoy en día también, por diferentes mecanismos, prohibieron a los países actualmente sub desarrollados aplicar las mismas.

Durante el SXIX Estados Unidos y los países europeos aplicaron un conjunto de medidas de corte proteccionista para desarrollar sus industrias nacientes tales como elevados aranceles, prohibiciones de importaciones competitivas, subsidios, y llevaron a cabo políticas sectoriales, en donde el Estado otorgaba ayudas económicas, a aquellos sectores de la producción nacional, con capacidad de competir en el mercado mundial.

El nacimiento del GATT luego devenido en OMC (Organización Mundial de Comercio) continuó otorgando ventajas a los países desarrollados, claro ejemplo de ello fue la limitación de imponer salvaguardas, la restricción de otorgar subsidios a las exportaciones, la limitación de imponer cupos a la importación y la imposición a los países subdesarrollados de adoptar legislaciones en materias de patentes, impidiendo así el desarrollo de aquellas industrias que pudiesen llegar a competir con algunas del primer mundo.

Asimismo se limitó la capacidad de promover el desarrollo de industrias nacionales mediante el mecanismo de la Compra Pública, obligando a firmar Acuerdos Comerciales, en los cuales, las Empresas Extranjeras deben tener el mismo nivel de prioridad que las Empresas locales.

Por otra parte, entidades financieras como el FMI y el BM, condicionan su asistencia financiera a la firma de este tipo de Acuerdos que limitan la soberanía de los países del tercer mundo.

Las políticas proteccionistas son moneda corriente en las economías centrales, es emblemática la persistencia de los subsidios agrícolas y la aplicación de medidas antidumping. Los subsidios agrícolas afectan directamente a los países de la periferia, como lo son los miembros del Mercosur, ya que justamente en esos rubros es donde nuestra Región es competitiva. La aplicación de la PAC (Política Agropecuaria Común) aplicada en la Comunidad Europea establece ayudas directas de los Estados por superficie en la agricultura y por cabezas de ganado, garantizando un precio mínimo de venta a los agricultores. Estas políticas abaratan los costos de producción limitando la competencia de nuestros países y condenando a la pobreza a nuestros pequeños productores agrícolas, determinando que solo pueda haber cierto nivel de competitividad por parte de los grandes productores agrícolas. La concentración de la tierra y la expulsión y pobreza de nuestros pequeños productores agrícolas, es también consecuencia, del proteccionismo practicado por los países desarrollados.

En nuestra América Latina paulatinamente, en la medida en que retroceden los Gobiernos de corte progresista, y se imponen los de signo neoliberal se van introduciendo cambios que apuntan hacia la liberalización comercial, y es en ese sentido que se está avanzando hacia los postulados que sustenta la Alianza del Pacífico.

A mediados de este mes de setiembre se llevará a cabo, en Montevideo, una nueva Ronda de Negociación entre el Mercosur y la Unión Europea. Este es el caso típico de una negociación desigual, en la cual los países europeos intentan imponer una serie de condiciones inaceptables y lesivas del interés nacional otorgando a cambio mínimas concesiones. Es también una clara demostración de la aplicación de políticas proteccionistas que perpetúan el tratado desigual y discriminatorio y que sellan la capacidad de nuestras Naciones de superar su condición de economías periférico dependiente.

Dice la real Academia que mito es “una historia fabulosa, de tradición oral, que narra las acciones de seres que encarnan simbólicamente las fuerzas de la naturaleza”

Los seres que encarnan las fuerzas de la naturaleza en el libre comercio y libre mercado son las grandes corporaciones transnacionales que emiten sus mandatos desde el Olimpo.

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