Especial: De la lucha contra el ALCA a la anti-etanol

Por Rogelio José del Río Milián, 08/05/2007

Para los participantes en el evento concluido el sábado último en La Habana, el ALCA ha fracasado, pero la estrategia de Estados Unidos de dominación en el aéra continúa mediante otras variadas formas, entre ellas la que ya muchos denominan como la agroenergía.

Cuando en el 2001 Cuba convocó al I Encuentro continental anti- ALCA, el objetivo era denunciar las intenciones de la Casa Blanca, promotora de ese plan, y contribuir a la articulación de movimientos sociales y organizaciones populares, así como al proceso de concientización de los pueblos del área.

Siete años antes, en la I Cumbre de las Américas celebrada en Miami, EEUU, el gobierno norteamericano prometió crear antes de 2005 el mayor espacio de libre comercio del mundo, con más de 800 millones de consumidores y un poderío económico sin igual en otra zona del planeta.

Sus auspiciadores, liderados por Washington, propugnaban que para llegar al propósito final las naciones involucradas, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, debían eliminar progresivamente las barreras al comercio de bienes y servicios, y optimizar la apertura de los mercados mediante acuerdos balanceados.

Cuba, desestimada por EEUU por sus discrepancias políticas con la Isla, lanzó duras críticas al Acuerdo por considerarlo un proyecto hegemónico de Washington para consolidar su dominación sobre la región, ampliar sus fronteras económicas y asegurarse un gran mercado cautivo, sin la competencia de la Unión Europea y Asia.

En los siguientes foros contra el ALCA realizados anualmente siempre en La Habana, la denuncia cubana fue ganando apoyo creciente en Latinoamérica, a pesar de que el proyecto parecía casi imparable y de fácil aplicación.

La posición de algunos gobiernos de la zona (Venezuela, Argentina y Brasil) y los fuertes movimientos sociales de protesta en Bolivia y Ecuador provocaron que el diseño inicial de la gran negociación con 34 países a la vez se convirtiera en la táctica de impulsar acuerdos bilaterales, conocidos como TLC.

Calificado por los expertos como un ALCA suave o pequeño, el nuevo acuerdo de la administración norteamericana fue firmado con Canadá, México, Chile, así como con la región centroamericana — excepto Costa Rica—, y República Dominicana, mientras Colombia y Perú esperan por la ratificación del Congreso de EEUU.

Esos convenios han recibido una fuerte oposición por parte de los movimientos populares, los cuales opinan que las tratativas son favorables al gran capital transnacional de EEUU y perjudicial para los pueblos.

Ante la nueva realidad, las citas en la capital cubana pasaron a denominarse Encuentros Hemisféricos de Lucha contra los TLC y por la Integración de los Pueblos, siempre con la asistencia aproximada de 700 representantes de movimientos sindicales, agricultores e indígenas procedentes de decenas de países.

Durante el VI Encuentro, celebrado del 3 al 5 últimos, los delegados coincidieron en que el ALCA fracasó pero el plan norteamericano de dominación sobre América Latina tiene otras formas y rostros, que obligan a mantener la lucha.

El "libre comercio" es una trampa y los TLC, en los que se condensa la política neoliberal, no están paralizados en su negociación, ni tampoco en su aplicación, advirtió el economista cubano Osvaldo Martínez.

En ese "reacomodamiento de la estrategia capitalista de dominación" es que muchos participantes ubicaron la actual corriente —también promovida por el gobierno estadounidense— de convertir alimentos en combustibles.

El proyecto norteamericano de producir etanol a partir de agroalimentos como el maíz y la caña de azúcar, secundado por Brasil, fue duramente censurado en la cita, al resaltar que ya se dispararon los precios de productos alimenticios como el maíz y la leche.

Para contrarrestar la idea de la Casa Blanca, y atendiendo a que la lucha continental anti-ALCA logró bloquear ese proyecto, se convocó a organizar campañas y acciones hemisféricas por el rescate de las tierras y contra el empleo de los alimentos en la producción de combustibles.

Recientes artículos elaborados por el presidente cubano Fidel Castro desde su convalecencia para fustigar la "siniestra" idea del mandatario norteamericano, George W. Bush, estuvieron presentes en numerosas intervenciones.

Mucho se debatió acerca de los graves y diversos peligros que causaría la producción masiva de biocombustibles a costa de reducir su disponibilidad de alimentos para sustentar a la población mundial, cuyos hambrientos van en ascenso.

En contraposición, los participantes elogiaron la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), liderada por Cuba y Venezuela desde hace más de dos años y a la cual se sumaron Bolivia y Nicaragua.

El ALBA pone énfasis en desarrollar acciones básicas que conducen a la integración y benefician a los sectores sociales más desposeídos.

Esta iniciativa constituye "un proceso de integración moldeado por la solidaridad y la cooperación, no por el lucro de mercado y las ventajas comparativas".

Tras el revés del ALCA, la existencia de los TLC y la polémica sobre los combustibles alternativos, en medio del avance de alternativas como el ALBA, en La Habana quedó claro que "se ganó una batalla pero aún no la guerra".
(Xinhua)