Estados Unidos: aumenta la oposición al proyecto ALCA-FTAA de Washington

25-7-07

Estados Unidos: aumenta la oposición al proyecto ALCA-FTAA de Washington

La idea de crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA-FTAA) sigue estando presente en la agenda de la administración Bush. La oposición al proyecto aumenta, especialmente por parte de los países del Mercosur y del Partido Demócrata norteamericano, a lo que Estados Unidos responde a través la política “de pequeños pasos” y de acuerdos bilaterales.

Equilibri.net (25 julio 2007)

La situación actual

La idea del Free Trade Area of Americas (FTAA) nació durante el Summit of Americas que tuvo lugar en Miami en diciembre de 1994, con el objetivo principal de facilitar el comercio y las inversiones directas exteriores entre Estados Unidos y los países latinoamericanos a excepción de Cuba (Estados Unidos: ALCA, la creación de un área panamericana de libre comercio). El 2005 (fecha prevista para la entrada en vigor del acuerdo) fue una desilusión para las expectativas del presidente Bush. Durante la IV Cumbre de las Américas que tuvo lugar en diciembre del mismo año en Mar del Plata (Argentina), a los insuperables con los obstáculos que encontró la realización del proyecto, se sumaron las acusaciones contra Estados Unidos por haber “perdido” a América Latina, debido a su alejamiento progresivo del área de influencia estadounidense.La ida de afrontar la cooperación multilateral como instrumento para alcanzar la estabilidad política y económica hace indispensable la participación de los países latinoamericanos en la comunidad político-financiera internacional a pesar de que estos pretendan conservar su soberanía e independencia respecto a las decisiones en política exterior y en materia económica.

También las negociaciones para la puesta en marcha del ALCA se paralizaron debido a la hostilidad que mostraron los países latinoamericanos líderes, que buscaban un modelo de desarrollo más integral basado en el refuerzo de Mercosur, no solamente en materia de cooperación comercial (objetivo con el que el acuerdo se firmó en los años noventa), sino también de desarrollo productivo, social y energético conjunto.

A pesar de los esfuerzos que realizó la administración Bush (que dio gran importancia a la realización del ALCA), algunos países de América Latina como Venezuela, Bolivia y Cuba se opusieron frontalmente al proyecto, mientras que otros como Brasil o Argentina criticaron la fórmula, acusándola de querer crear condiciones desiguales entre Estados Unidos y el resto del continente, y de no respetar la búsqueda de autonomía por parte de la región latina. Según los críticos con el plan estadounidense, los cambios (sobre todo a nivel político) que han tenido lugar durante los últimos años en el área latinoamericana y que siguen produciéndose en la región necesitan una nueva estrategia y nuevos proyectos de integración que hagan frente a las continuas presiones procedentes del Sur.

El proyecto ALBA

El ascenso del Presidente venezolano Chávez y la red de alianzas que lo ha llevado al centro de la escena internacional han sido un obstáculo para la puesta en marcha del ALCA. Haciéndose el promotor de una iniciativa política y de un modelo de desarrollo alternativo al de Washington, Chávez apuesta por la creación de una América Latina unida y alejada de la influencia de terceros capaz de alcanzar el desarrollo a través de sus propios recursos.

Así nace la idea de transformar el ALCA en el ALBA (ALBA: Alternativa Bolivariana para las Américas). La estrategia del presidente venezolano, si, por una parte ha recibido el apoyo de muchos, por otra, no le ha permitido ejercer la influencia necesaria para poder llevar a cabo el papel de líder en el proceso de integración regional y para afianzar el ALBA basándose en la “tríada” Chávez-Castro-Morales. A pesar de las diferencias políticas con Washington, la mayor parte de los países latinoamericanos no quiere abandonar el partnership económico-comercial con Estados Unidos, por lo que sigue el modelo adoptado por el líder brasileño Lula.
Sin embargo, el proceso de integración regional latinoamericano debe superar los obstáculos que hicieron fracasar al ALCA, ya que no respondía a las necesidades de un desarrollo basado en la justicia social, por lo que se esperan modelos alternativos.

Se retoma el proyecto de Mercosur

Con la elección de los presidentes Lula en Brasil y Kirchner en Argentina, se han abierto nuevos horizontes en el proceso de integración regional sudamericana mediante una modificación sustancial del organigrama de Mercosur de cara a una ampliación de los objetivos con los que se formuló: exclusivamente comerciales, a los que se suma la integración política gradual. En esta “primavera económica” para Brasil, aumenta el interés por cooperar con Estados Unidos pero, a su vez, también la hostilidad a la realización del ALCA. La creación de una zona única para la libre circulación de bienes, servicios y capitales con la dolarización gradual de las economías nacionales, la disminución de las funciones estatales en cuestiones financieras y la privatización de los servicios públicos supondría no solo la desaparición de Mercosur, sino también un paso hacia la independencia de un país que podría ser líder de los países en vías de desarrollo y entrar en el grupo de las grandes potencias económicas mundiales. La crisis de finales de los 90 se resolvió con la aprobación de una línea de intervención común para la integración regional mediante la institución de órganos supranacionales que den una mayor importancia a los intereses comunes. En este sentido, Mercosur y ALBA, aunque son de naturaleza diversa y comparten una hostilidad hacia el ALCA, se solapan en muchos puntos.

El proyecto del CAFTA

El Tratado de Libre Comercio de América Central con los países de Centroamérica tiene, para Estados Unidos, una mayor importancia política que económica, ya que estos países representan casi un 1,9% del comercio internacional de Estados Unidos. Su importancia es esencial para la realización del ALCA y para todos los tratados de libre comercio que se aprueben en el futuro. El CAFTA forma parte de una nueva estrategia de acercamiento, basada en la cooperación para dar “pequeños pasos”: se intentan despejar las dudas con respecto a la aprobación del ALCA mediante acuerdos bilaterales y planes de comercio (como el andino).

El CAFTA puede acelerar los acuerdos de Doha centrándose en países que han demostrado estar dispuestos a negociar los acuerdos de libre comercio. La necesidad de recuperar terreno en una de las zonas de mayor interés para Estados Unidos llevó al presidente Bush a realizar un viaje de seis días a Latinoamérica en marzo del 2007 (véase: Estados Unidos: el viaje a América Latina del presidente George W. Bush). Las disputas y el viaje de Chávez no impidieron las declaraciones relativas a un refuerzo de los acuerdos bilaterales, a pesar de que persiste la hostilidad hacia el ALCA, actual pilar de la estrategia de Washington en Latinoamérica.

La oposición de los demócratas

La aprobación del CAFTA con 217 votos a favor frente a los 215 en contra no ha pasado inadvertida. Nancy Pelosi, como representante del Partido Democrático, acusó al presidente Bush de haber “seducido” a los republicanos que se oponían al acuerdo prometiéndoles la adquisición de azúcar en grandes cantidades y producido en el país para transformarlo en etanol. De esta manera, resolvería los problemas derivados de la entrada de nuevos productos del sur a un precio posiblemente más competitivo.Durante el discurso en Bogotá en abril del 2007, Pelosi criticó que la aprobación del ALCA entre Estados Unidos y Colombia hubiera tenido lugar sin el consenso de la oposición. Por lo tanto, no representa a toda la nación estadounidense y su ampliación no supondría una mejora real de las relaciones entre las dos naciones (véase: Colombia: la situación interna y las relaciones con los Estados Unidos).

Conclusiones

La creación del ALCA sigue siendo de fundamental importancia para Estados Unidos, pero las prometedoras negociaciones iniciales han encontrado varios obstáculos hasta llegar a la fase actual de estancamiento. Las características económicas y políticas de Latinoamérica complican la realización de dicho proyecto. La oposición ha aumentado debido al gran impacto que el acuerdo podría tener en el sector agrícola, en el de la producción de azúcar y en la industria textil. En concreto, los productos de los países de Mercosur perderían competitividad, dada su imposibilidad de competir con una tecnología avanzada y con ingentes subvenciones destinados a las empresas.Según los críticos de la estrategia estadounidense, la entrada en vigor del ALCA supondría un aumento de la desigualdad económica entre los países latinoamericanos y los más desarrollados y una recaída de las estructuras productivas de los primeros. Washington está centrado en la difícil tarea de recuperar la producción nacional y de reforzar la cooperación económica y comercial con los países latinoamericanos, para no perder terreno a favor de los nuevos protagonistas, que son cada vez más dinámicos, con Pekín a la cabeza.

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