La perspectiva de la agricultura: el sector privado brasileño y la integración regional

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La perspectiva de la agricultura: el sector privado brasileño y la integración regional

Por Camila Nogueira Sande | 5-10-17

La agropecuaria brasileña, por vocación, será responsable de atender parte del crecimiento de la demanda global por alimentos, que deberá crecer un 70%[1] más de lo que se produce hoy, de acuerdo con las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés). Este escenario genera una serie de oportunidades, pero también desafíos para las entidades representativas del sector – en especial para la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), que ha liderado la inserción internacional del agronegocio del país y trabajado para transformar en resultados concretos esas posibles oportunidades para el productor rural brasileño.

Sin embargo, ese trabajo necesita estar alineado y coordinado con entidades representativas de las cadenas productivas, tanto en Brasil como en el Mercado Común del Sur (Mercosur). Solamente así será posible enfrentar conjuntamente el desafío de proveer gran parte de las 3 mil millones de toneladas de cereales y cerca de 200 millones[2] de toneladas de proteína animal adicionales al año que el mundo va a consumir hasta 2050[3].

Para que ese potencial de la agropecuaria brasileña sea alcanzado, sin embargo, se hace necesaria una agenda de trabajo nacional y regional que defina políticas agrícolas y comerciales específicas para el sector, insertando el país de forma mucho más estratégica en el comercio global. Esto se debe a que, a pesar de Brasil ser una fuerza agrícola, el país representa sólo el 6,7%[4] de las exportaciones mundiales de productos agropecuarios – posición muy inferior a la que podría ocupar.

En la esfera nacional, la CNA, que históricamente participa en la elaboración de la política agrícola brasileña, se está involucrando recientemente de forma más directa con las políticas de comercio exterior. En 2015 trabajó junto al gobierno brasileño en el desarrollo del Plan Nacional de Exportaciones (PNE)[5], oportunidad en la que presentó la visión del sector en relación a temas estratégicos para las exportaciones del agronegocio, así como definió otras cuestiones de acceso a mercados, como negociaciones de barreras al comercio y de acuerdos comerciales. La entidad también ha actuado en consejos y grupos de trabajo estratégicos, involucrando al sector privado nacional en políticas de promoción de imagen, de defensa del interés público y en la definición de mercados prioritarios para sus exportaciones.

En los últimos años, sin embargo, los temas de integración regional no han pautado esta agenda de forma significativa. Con excepción de las negociaciones comerciales realizadas en bloque por decisión del Mercosur del año 2000, las tratativas intra-bloque, por diferentes motivos, parecen bien distantes para el sector agropecuario. Entre las causas, cabe citar como principal motivo, el hecho de que los países del Mercosur son grandes competidores en la exportación de alimentos – lo que, de forma errónea, distanció al sector de una agenda regional.

El agro brasileño, aún siendo ofensivo en términos de apertura comercial, casi siempre tiende a ver al Mercosur con ojos proteccionistas. Tradicionalmente, sectores productores de leche en polvo, arroz y trigo, por ejemplo, traban batallas para contener la influencia de las exportaciones de los países vecinos en el mercado nacional.

Sin embargo, ante los desafíos enfrentados en la apertura de terceros mercados y con la creciente necesidad de evacuar los excedentes creados por la gran productividad de los socios del bloque, la integración regional pasó a ser una opción táctica, que si fuese coordinada de forma inteligente, puede ampliar las perspectivas de los países del Mercosur.

En este nuevo escenario, la idea sería disminuir los conflictos en el comercio intrarregional a través de una asociación para definir una estrategia conjunta para conquistar mercados, en especial en el continente asiático. Esta alineación fue el tema central del 1º Diálogo Agrícola Brasil-Argentina, realizado por la CNA en agosto de 2017. El encuentro fue sólo el puntapié inicial para una serie de alianzas regionales que entidades privadas de los dos países deben poner en práctica, integrando también los sectores privados de Paraguay y Uruguay a esas actividades.

Asociaciones en el ámbito regional

El Mercosur completa 26 años de existencia en un año de turbulencias políticas en la región. Estas inquietudes atribulan las agendas y continúan colocando la profundización de la integración regional al margen de las prioridades nacionales. Sin embargo, a pesar de la inestabilidad en las instituciones gubernamentales, el sector privado de los países miembros ha buscado llevar a cabo acciones conjuntas que aprovechen el potencial de la región en lo que se refiere al crecimiento de la demanda mundial por alimentos.

Iniciativas como el Grupo de Países Productores del Sur (GPS) y la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM) fueron creadas para alinear posicionamientos entre los países del Mercosur en aquellos temas de interés común. Buscan adoptar un lenguaje único, donde la producción agropecuaria de la región debe ser reconocida como de excelencia y desempeña un papel fundamental para alimentar a la población mundial, hoy y en el futuro.

El GPS surgió en 2012, con el objetivo de articular las instituciones privadas del Cono Sur y así construir una visión estratégica del mundo y de la región. En la perspectiva del grupo, América del Sur es una región privilegiada, responsable del 29,4%[6] de las exportaciones globales de alimentos. Además, posee la mayor cantidad de tierras cultivables que pueden ser incorporadas a la agricultura y la más alta disponibilidad de agua dulce del mundo por persona. Si a eso agregamos la gran eficiencia en la producción y la utilización de las más avanzadas tecnologías, el GPS defiende que no hay otra región en el mundo que pueda asumir el protagonismo en el desafío de alimentar a su población.

Más allá de esa defensa regional, el GPS trabaja para estimular el potencial productivo de los países y dirigirlo hacia el mercado internacional. Esto es porque no basta con que sus miembros tengan la evidente vocación para producir alimentos. Es necesario también alinear una estrategia de inserción para así aprovechar las oportunidades y generar desarrollo económico.

Por su parte, la FARM trabaja para construir consensos en temas que abarcan el territorio de los países miembros del Mercosur ampliado. Como ejemplo de cuestiones conducidas por la FARM, se destacan las políticas regionales para la erradicación de la fiebre aftosa y otras enfermedades animales y vegetales, los posicionamientos de las cadenas agropecuarias del bloque en las negociaciones internacionales y la actuación de la Federación en la Organización Mundial de Salud Animal (OIE), ámbito en el que se toman las principales decisiones de interés de la ganadería regional.

La agricultura como motor económico del futuro

Es de notorio conocimiento que, para todos los países de la región, la actividad agrícola y pecuaria presenta una gran importancia económica y, por ello, es fundamental el fortalecimiento y la mayor actuación de instituciones como el GPS y la FARM. En el caso de Brasil, el sector del agro es responsable del 46% de las exportaciones, número que es aún mayor en los países vecinos, llegando a casi el 70% del total de las exportaciones paraguayas y el 80% de las de origen uruguayo[7].

Teniendo esta perspectiva en vista y sabiendo que el protagonismo será cada vez más relevante en el comercio global de alimentos, el agronegocio del Mercosur parece haber despertado para las grandes oportunidades que pueden tener si trabajan en una inserción más cualificada de sus productos. Y ahí nuevamente la integración puede generar más beneficios de lo que se imagina.

Ejemplo de éxito de esta acción integrada fue la construcción de la Alianza Internacional del Maíz (MAIZALL). Fundada en 2013 por las asociaciones representativas del sector en Brasil y Argentina – Abramilho y MAIZAR, respectivamente –, en sociedad con asociaciones estadounidenses, procuraron crear un lenguaje común y entender mejor el espacio que cada uno de sus miembros podría ocupar en el comercio global del maíz.

Aunque sus miembros son competidores en ese comercio, pensar de forma estratégica y usar la fuerza y las características del producto de la región puede atraer a consumidores que buscan calidad y eficiencia para garantizar su seguridad alimentaria. Por razones obvias, Asia es el foco del trabajo de MAIZALL, pero, así como esa iniciativa, pueden surgir otras en diversos sectores y mercados fruto de la coordinación de esfuerzos públicos y privados para la ampliación de mercados vía integración regional.

De los tres frentes mencionados como experiencias exitosas en América del Sur, la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil que es miembro fundador de la FARM, participa en las iniciativas del GPS y ha incentivado iniciativas como MAIZALL, incluso para otros sectores. Otra línea de actuación de la CNA que también demanda integración con sus vecinos, es la del posicionamiento ante las negociaciones internacionales para ampliar aún más la apertura comercial.

La integración y las negociaciones comerciales

A diferencia de países como Perú, Chile y Colombia, los miembros fundadores del Mercosur estuvieron durante mucho tiempo aislados de la red global de acuerdos comerciales. Aunque tardío, el despertar para la necesidad de integrarse vino con cambios en los paradigmas políticos de las dos mayores economías del bloque – en especial en Argentina, tras la elección del presidente Mauricio Macri y con la unión de fuerzas del sector privado para cobrar avances en la agenda comercial.

Aunque los intereses entre la industria y la agricultura no siempre son convergentes, la mayor complementariedad económica, generada en gran parte por la explosión del agronegocio brasileño, acercó la agenda de ambos sectores en Brasil. Unidos, comenzaron a presionar juntos por respuestas más eficientes a la política comercial del país, mismo en el gobierno de Rousseff, y con mayor avidez en el gobierno de Michel Temer. Estos esfuerzos fueron liderados por la CNA y la Confederación Nacional de la Industria (CNI), respaldados por la gran mayoría de sus asociaciones sectoriales y federaciones estatales.

En el ámbito regional, el papel de entidades representativas como la CNA ha sido llevar un poco su modelo de interacción con los organismos gubernamentales involucrados en las negociaciones comerciales. Es cierto que la apertura proporcionada por el gobierno brasileño a su sector privado en el proceso negociador es única en el bloque y debería incentivar modelos similares en los países vecinos. Este diálogo abierto permite que las cadenas productivas nacionales direccionen la elección de mercados y prioricen los temas de interés en las negociaciones. Se aspira con esa transparencia traer previsibilidad y disminuir los riesgos de impactos negativos en los sectores con la apertura mutua que se espera como resultado de ese proceso.

Entre los socios privados de la región, sin embargo, existe una coordinación de posicionamientos, principalmente entre instituciones congéneres, como es el caso en el agro de la asociación entre la CNA, la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Asociación Rural del Uruguay (ARU) y la Asociación Rural del Paraguay (ARP). Miembros de la FARM y del Foro Mercosur de la Carne (FMC), esas instituciones comparten información y se reúnen para construir consensos y proveer a los negociadores del bloque en la línea de frente. Estas posiciones son cada vez más sólidas y deben guiar otros aspectos de la llamada inserción calificada de la región en el mercado internacional.

Consideraciones finales

Brasil y sus socios del Cono Sur serán líderes en el aumento de la producción agropecuaria mundial una vez que van a abastecer y alimentar hogares en todos los rincones del planeta. La expectativa es que estos alimentos sean cada vez más seguros y sostenibles y no hay otra región capaz de cumplir este papel como América del Sur.

En ese sentido, la integración de políticas y acciones conjuntas a nivel regional pasa a ser cada vez más estratégica para diseñar la forma en que esa oportunidad será aprovechada por los países miembros del Mercosur. Muchas iniciativas como el GPS y la FARM ya trabajan en esa dirección, pero es necesario fortalecer y calificar la inserción internacional de los productos de la región de forma alineada e inteligente.

La CNA se está involucrando regionalmente con los socios en la construcción de una agenda que eleve el potencial exportador de sectores estratégicos de la región, para que juntos puedan conquistar y ampliar su presencia en mercados prioritarios, como es el caso de Asia.

La tendencia es que esta agenda sea fortalecida, con los cambios y reformas que se están poniendo en práctica tanto en Brasil como en Argentina, con políticas más liberales, que permitieron una mayor integración del sector privado regional en el direccionamiento de la inserción internacional de sus países. La actuación privada será determinante para que los intereses del sector agropecuario sudamericano sean defendidos y sus productos lleguen, de hecho, a la mesa del exigente consumidor global.

* Camila Nogueira Sande es asesora en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Coalición Nacional Agrícola (CNA), Brasil.

Notas

[1] Disponible en:

<http://bit.ly/2yKFOsB>

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[2] Fuente: EMBRAPA.
[3] Fuente: FAO.
[4] Fuente: Ministerio de Agricultura Pecuária y Abastecimento (MAPA).
[5] El Plan Nacional de Exportaciones (PNE) forma parte de la política comercial brasileña para el período 2015-2018. Su objetivo es promover el crecimiento económico del país a través de la diversificación de los mercados y productos y de un mayor valor agregado en las exportaciones brasileñas. Para saber más:

<http://bit.ly/2k69kWy>

.
[6] Disponible en:

<http://bit.ly/2k8yXGh>

.
[7] Fuente: UNComtrade y CNA.

source: ICSTD