Relación entre el sector privado y el libre comercio

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Relación entre el sector privado y el libre comercio

Por Borja Monreal | 5-4-18

En los últimos años, la negociación de los dos acuerdos tratados de libre comercio (ALC), el TTIP y del TTP, ha puesto sobre la mesa de debate la enorme complejidad de estos instrumentos y la dificultad de medir su impacto futuro. Estos tratados sientan las bases de los estándares de calidad y producción, los niveles de protección de la propiedad industrial/intelectual, las reglas de seguridad y salud pública, las condiciones para las inversiones privadas, las normas para los flujos de capitales y un sinfín de cuestiones que condicionan, y restringen, los ámbitos de actuación de los estados y que trascienden el ámbito comercial en el que se enmarcan. Por todo ello, cabe cuestionarse cómo se negocian y qué rol desempeña la empresa privada en estas discusiones.

La participación del sector privado ha sido una constante en la historia del comercio internacional: son ellos los primeros afectados (aunque no los únicos) y no se puede prescindir del conocimiento técnico que aportan. Antiguamente, cuando los acuerdos se reducían a meras cuestiones arancelarias, era fácil analizar quién ganaba y quién perdía con ellos. Sin embargo, hoy en día los grandes grupos empresariales saben que se la juegan en los detalles y que los resultados tendrán implicaciones directas en sus cuentas de resultados. Esto, unido al habitual secreto que acompaña a las negociaciones, ha contribuido a crear un clima de sospecha sobre los ALC y las verdaderas razones que los motivan.

Por otro lado, la enorme dificultad de abordar las cuestiones técnicas de las negociaciones genera una brecha clarísima de capacidades entre empresas y negociadores, cuya consecuencia es que aquellos gobiernos con menor capacidad (y voluntad, si contemplamos también la propensión a la corrupción) de afrontar estos procesos de negociación son mucho más vulnerables a la influencia del sector privado y a los abusos de las otras partes. En un trabajo reciente con el departamento de comercio internacional de un Gobierno africano viví la situación de tener que explicar por qué una determinada posición favorecía a una sola empresa del sector cárnico nacional: era un único artículo de un acuerdo que alcanzaría las 1.500 páginas.

Esta combinación de falta de capacidades y de creciente influencia del sector privado se reproduce en las negociaciones de los tratados que nos afectan más directamente. De acuerdo con el Corporate Europe Observatory, de 597 encuentros que el equipo de negociación del TTIP había mantenido con agentes terceros entre 2012 y 2014, 528 fueron con lobistas del sector privado. No nos debe extrañar entonces que sus resultados se alineen más con los intereses de unos pocos frente a los de la mayoría y que se genere un rechazo social tanto al proceso como al resultado. Para cambiar esta tendencia es necesario dotar a los procesos de mucha más transparencia, asumir que el comercio genera ganadores y perdedores y aclarar cuáles son los objetivos de las negociaciones para intentar alinearlos con el interés general de cada país. De lo contrario el libre comercio seguirá languideciendo. Y no es esto lo que queremos, ¿o sí?

source: El Periódico