TLC con Canadá

Andrés Espinosa Fenwarth

La historia de las negociaciones comerciales del país cambia con la exitosa finalización del TLC con Canadá, la quinta economía del planeta en materia de intercambios comerciales y la décima en cuanto a generación de inversión extranjera directa. En menos de un año y luego de tan solo cinco rondas de negociación, Colombia cerró con broche de oro un acuerdo comercial de última generación con Canadá, que comprende la pepa de nuestros intereses ofensivos y defensivos. El perfecto balance logrado entre estos dos elementos, aparentemente contradictorios, son prueba fehaciente de que el país puede insertar su economía en las corrientes mundiales de la globalización de los flujos comerciales de bienes y servicios, y preservar, simultáneamente, sus instrumentos de política comercial.

La negociación con Canadá permitirá el acceso sin restricciones al 90 por ciento de nuestros productos agrícolas y al 97 por ciento de las mercancías industriales desde el día uno de implementación de lo acordado, previsto para comienzos del año entrante, una vez se formalice su firma y aprobación en los respectivos Parlamentos; y en el caso colombiano, se surta satisfactoriamente el control previo y automático de la Corte Constitucional.

El país podrá, igualmente, seguir gozando de los beneficios de los regímenes aduaneros especiales, y en particular de las zonas francas, sin restricción alguna en cuanto a su cobertura sectorial, agrícola e industrial. De análoga manera, este acuerdo comercial mantiene el sistema andino de franjas de precios, valioso instrumento de estabilización y protección para la agricultura nacional. Canadá, por su lado, preserva sus instrumentos de política de control de oferta agrícola requeridos para regular su mercado interno, factor que demuestra cómo en las negociaciones comerciales las partes pueden emerger, ambas, como ganadoras sin menoscabo la una de la otra.

La preservación de estos instrumentos de política nacional y la consolidación jurídica de las reglas de juego con una potencia económica como Canadá nos permiten trazar nuevos derroteros de política comercial, que incluyan la diversificación de mercados internacionales y la liberalización gradual y competitiva del mercado interno.

El TLC con Canadá marca un hito en varios frentes, especialmente en materia agrícola y de concertación intergubernamental con el sector privado. Propios y extraños coinciden en que la agricultura colombiana es ganadora neta en la negociación con Canadá, como resultado de una negociación auto contenida que arroja resultados concretos ligados a la completa eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias para sectores claves como carne de bovino, flores, frutas, hortalizas, azúcar, productos con azúcar, cacao y etanol. Beneficios que tienen escasos antecedentes en el concierto mundial de las negociaciones comerciales, especialmente en un mercado tan atractivo y competido como el canadiense.

En cuanto a la concertación, el equipo de Gobierno le mostró al país que es posible hacer política comercial con una impecable coordinación y planeación interministerial, que incluya la preparación previa y la firme defensa de la posición nacional de negociación de la mano con el sector privado colombiano.

Fuente: Portafolio

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