Colombia: la salud es primero

EL TIEMPO - EDITORIAL,04 de Marzo de 2007.

En carta dirigida la semana pasada a Diego Palacio, ministro de la
Protección Social, el prelado sostiene que la Iglesia ve con
preocupación algunas de las disposiciones contenidas en el TLC, entre
ellas las cláusulas que podrían tener impacto en la oferta y el
acceso a medicamentos genéricos económicos en el país. Y pide al
Gobierno impedir que se tomen medidas que contribuyan a fortalecer
los monopolios e incrementen el gasto sanitario, lo que identifica
como "una amenaza seria al derecho a la salud".

Llama la atención que el Cardenal tome claro partido en medio de una
discusión que tradicionalmente ha enfrentado a la industria nacional
y multinacional de medicamentos, cuyos puntos de vista, hasta ahora,
son irreconciliables.

La primera ha alegado que con el TLC como está se incrementará
sensiblemente el precio de las medicinas, consecuencia lógica -según
sus representantes- de la consolidación de los monopolios, por el
fortalecimiento de los estándares de propiedad intelectual, que
limitará la entrada de productos competidores.

Las farmacéuticas internacionales niegan que el TLC vaya a acabar con
los genéricos, cuyo texto, según ellas, en su mayoría recoge y
ratifica medidas que ya venían aplicándose, como la de las patentes,
desde 1994, y la protección de la información de los laboratorios
(para que nadie la use) desde el 2002. Concluyen que los nuevos
productos, amparados por estas normas, son una porción muy pequeña
del mercado y que los genéricos seguirán creciendo. Con esta última
postura coincide el ministro Palacio.

* * * *

Unos y otros respaldan sus posiciones con estudios técnicos que
muestran resultados opuestos. En ellos lo esencial parecen ser los
efectos que el TLC tendrá sobre un mercado que mueve 1.650 millones
de dólares al año. Las diferencias de precios entre productos
nacionales y originales se evidencian en el hecho de que 64 por
ciento de ese total corresponde a las multinacionales, aun cuando
cubren solo 31 por ciento de las unidades vendidas.

Tangencialmente, las partes se refieren a temas como calidad,
coberturas, disponibilidad y oportunidad de las medicinas para la
población. Nadie parece fijarse en el hecho de que 6,3 millones de
colombianos no pueden acceder ni a medicamentos de marca ni a
genéricos, pues la mayoría son pobres no cobijados por el sistema de
salud.

Y no a todos los que están cubiertos se les dan las medicinas que
necesitan. Según la Defensoría del Pueblo, de las 81.200 tutelas que
en promedio los colombianos han interpuesto cada año por servicios de
salud, 25 por ciento han sido para reclamar medicamentos, incluso
algunos garantizados en el POS. Además, hay denuncias sobre las
actitudes de algunas aseguradoras hacia afiliados con patologías de
alto costo, que pierden alrededor de tres meses de tratamiento al año
por la imposición de barreras con las que persiguen ahorrarse el
dinero de esos medicamentos.

* * * *

No es el único punto que inquieta. Todo el mundo sabe que un registro
sanitario del Invima debería garantizar la efectividad de una
medicina; sin embargo, la calidad de muchos genéricos se cuestiona
con ligereza, a tal punto que se considera variable en relación
directa con el precio: a menos costo, menor calidad. Esto ha creado
una confusión que debe aclarar la autoridad sanitaria. Si hay
medicamentos que no son efectivos, de marca o genéricos, debe
sacarlos del mercado e instruir a la gente para que entienda que, si
un producto tiene registro, es porque es útil y de calidad, sin
importar lo que se pague por él.

Todos los actores deben entender que este es un país en desarrollo y
que la falta de acceso a medicamentos es un grave problema social,
que amerita con urgencia discusiones que desborden lo meramente
económico y comercial y se centren en indicadores sanitarios, que no
deben estar lejos de los debates sobre el TLC.

* * * *

El país no puede equivocarse en este tema. Aunque a algunos les
cueste aceptarlo, los medicamentos no son una mercancía igual a las
demás y deben ser tratados de modo que se eviten repercusiones
negativas en lo económico y, por encima de todo, en la salud de la
gente. Por algo Mirta Roses, directora de la Organización
Panamericana de la Salud, propuso que las medicinas, por ser
esenciales para la vida, no fueran parte de los tratados de libre
comercio.

Quienes tienen en sus manos las decisiones no deben perder de vista
el impacto que estas tendrán en toda la población. Los colombianos
esperan contar con medicamentos efectivos, en cantidad suficiente, de
manera oportuna y preferiblemente a precios razonables. Con marca o
sin ella, y sin importar quién los produzca.

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