Colombia: Sin respuesta a la crisis

Colombia: Sin respuesta a la crisis

Por Eduardo Sarmiento, 9-5-15

La economía colombiana evoluciona dentro de la incertidumbre de los precios de los productos básicos.

El Gobierno y las firmas calificadoras de riesgo confían que el sistema por sí solo esté en capacidad de asumir el choque externo del petróleo. No han querido reconocer que el país no está bien y que la caída de los precios del crudo no fue más que un detonante. La economía está siendo seriamente afectada por diez años de revaluación, los TLC, el desmantelamiento de la industria y la agricultura, y la elevada inversión en proyectos mineros ineficaces.

El país no ha podido salir de la ficción de los altos precios de los productos básicos y de la entrada de la inversión extranjera que dominaron el panorama de los últimos diez años. En el fondo, se pretende convivir con el cuantioso déficit en cuenta corriente de más de 6% del PIB. Sin hacerlo explícito, se trata como un problema temporal que se arreglará cuando los precios del petróleo vuelvan a US $100 o se subsanará con inversión extranjera.

En esto han influido muchos analistas que, luego de aplaudir el desempeño de la economía y decir que ésta evolucionaba en perfectas condiciones, se han visto sorprendidos por el pésimo desempeño de los indicadores económicos y de las encuestas de opinión. En realidad, el déficit en cuenta corriente es una simple manifestación de un cuantioso descuadre institucional que se refleja en todos los rincones de la economía. La producción industrial lleva más de dos años en recesión. La agricultura de cereales y lácteos no ha salido del letargo de dos décadas. En el primer trimestre las exportaciones cayeron 22%, rememorando las penurias cambiarias de mediados del siglo pasado. La tasa de cambio está expuesta a fluctuaciones que son presagios de crisis. La inflación se duplicó y en tres meses se llevó por delante el ajuste salarial del principio de año; el salario real ha entrado en un claro proceso de deterioro que acentúa las inequidades de la sociedad colombiana.
No hay conciencia ni voluntad política para modificar los factores que condujeron al desquiciamiento de la economía. No se reconoce que el nuevo orden económico mundial ha dejado a la economía sin medios de control. El tipo de cambio es determinado cada vez más por la Reserva Federal. Los TLC se han convertido en un barril sin fondo de importaciones. Los anuncios de políticas industriales y agrícolas no pasan de ser globos que no tienen ninguna posibilidad de concretarse mientras no se reconozca que el país tiene que proteger los productos industriales de menor productividad con respecto a los países avanzados, al igual que los cereales y los productos lácteos de la agricultura. No se puede otorgar el mismo tratamiento a todos. Para completar, la infraestructura que se ha presentado como la nueva locomotora que reemplazará la minería se ve seriamente limitada por la baja productividad y las elevadas necesidades de financiación. Su expansión requiere cuantiosos subsidios que son inviables dentro de un marco de austeridad fiscal.

En la práctica, la discrecionalidad se reduce a la política fiscal que opera dentro de la regla fiscal que proscribe los déficits. La solución se busca con privatizaciones e impuestos que tapan los huecos internos, pero no resuelven la dolencia su origen. En lugar de reducir el déficit en cuenta corriente con medidas estructurales, se actúa sobre las manifestaciones para apaciguar a las firmas calificadoras de riesgo. Así las cosas, la economía continuará expuesta a presiones inflacionarias y contractivas que se manifestarán en tasas de crecimiento menores de 3%, y no estará exenta de sorpresas.

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source: El Espectador