EL TLCAC enfrenta en Washington a sus enemigos

Fue lo que se observó el martes cuando el presidente de El Salvador, Elías Antonio Saca, y un joven opuesto al tratado se enfrascaron en un altercado verbal durante un desayuno en Beverly Hills ofrecido por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en honor al mandatario.

“Lo que usted no dijo es que en El Salvador hay mucha gente opuesta al tratado y a la privatización, y no es cierto que ustedes piensen respetar los derechos laborales: el gobierno desmanteló el sindicato de la CEPA [Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma -a cargo de la generación de energía eléctrica-] y hasta la Comisión Europea criticó a El Salvador por graves violaciones a los derechos laborales”, le espetó Ernie Zavaleta después de una alocución de Saca ensalzando los beneficios del acuerdo.

“Usted está desinformado”, replicó airado el jefe de Estado, quien después de ser interrumpido por el joven, terminó acusándolo de “mentiroso”.

Según Aquilés Magaña, candidato al doctorado en planeación urbana de UCLA, ese tipo de intercambios explican el apremio de los gobiernos de Centroamérica porque se apruebe el proyecto TLCAC, que forma parte de un concepto aún más amplio llamado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que no goza de buena salud.

El desayuno en honor del presidente salvadoreño fue la primera escala de una programación que contempla visitas a varias ciudades de la Unión Americana. Ese mismo día, el mandatario salvadoreño partió a San Diego y luego visitaría Albuquerque, en el estado de Nuevo México. El jueves, los presidentes de Centroamérica y el de República Dominicana, que hacen cabildeo en favor del acuerdo en otras ciudades estadounidenses, convergerán en Washington con George Bush para promover su confirmación.

Para el gobierno salvadoreño, este paso es casi un asunto de vida o muerte.

“Los pequeños en la economía global no tenemos alternativas”, dijo Saca en su discurso, y repetidamente se refirió al peligro que representa China, con sus bajísimos costos laborales e impresionante planta productiva, para las débiles economías centroamericanas. El Salvador, dijo, ha perdido cinco mil empleos en un año debido a la “amenaza asiática”. Con una tasa de crecimiento de sólo 1.5% en 2004, prácticamente la única solvencia económica que tiene el país la obtiene de las remesas que envían sus expatriados. En 2004, estos envíos sobrepasaron los 2,5000 millones de dólares, 21% superiores a las que ingresaron el año previo.

El Consejo sindical para el avance del trabajador latinoamericano de la organización no lucrativa Public Citizen sostiene que el TLCAC será tan perjudicial para los pueblos centroamericanos como lo fue el TLC, según ellos, para México. Este, afirman arruinó a 28 mil pequeñas empresas medianas y pequeñas (sobre cuyos escombros se emplazaron megaempresas como Wal-Mart, que inundaron el mercado con productos importados de China), que el precio de las tortillas aumentó al menos un 50%) y produjo la pérdida de 2.5 millones de puestos de trabajo en Estados Unidos.

Lo que es más, dicen, la quiebra de numerosas economías campesinas y familiares ha producido más altas tasas de emigración de trabajadores empobrecidos a EU, que se habría duplicado entre 1990 y 2000.

En cambio, según el presidente de El Salvador, sólo la firma del TLCAC puede prevenir que los centroamericanos sigan emigrando al Norte en busca de trabajo. Es más, dijo, el “argumento más importante para desarrollar el TLCAC es la seguridad interna de Estados Unidos”. Si no se aprueba, expresó, aumentará la criminalidad, arribarán al poder en la región gobiernos antiamericanos y podría reeditarse la violencia que vivió el istmo en los años 80.

Argumentos en favor y en contra del proyecto tendrán pronto un foro en el Congreso. Así como los presidentes de la región centroamericana se han movilizado para hablar en su favor, trabajadores de EU, República Dominicana, Guatemala, El Salvador y Costa Ricen iniciaron ayer en Washington D.C. una gira para presentar sus puntos de vista contra el TLCAC.

Uno de ellos, Ignacio Hernández, secretario general de la Federación de Trabajadores de la Zonas Libres (FEDETRAZONAS) de la República Dominicana, dijo en entrevista telefónica que las cláusulas del pacto comercial no ofrecen garantías de respeto a los derechos laborales y libertad sindical.

“Hemos visto la parte del documento que tiene que ver con eso. No existe ningún mecanismo de sanción que obligue a las empresas a respetar esos derechos”, aseguró.

La semana pasada, un grupo de legisladores demócratas centristas de la Cámara Baja que votaron hace 10 años en favor del TLC, anunciaron que no apoyarían el TLCAC, lo que se interpreta como un indicio de que el tratado no será votado.

El senador de Nevada, Harry Reid, líder de la minoría demócrata en el Senado, resumió la animosidad contra el pacto en una sola declaración:. “No me gusta el TLCAC, no voy a votar por él, y haré cualquier cosa por liquidarlo”.

El escollo más fuerte, sin embargo, lo presenta la poderosa industria azucarera estadounidense, que ha gozado de protecciones federales por muchas décadas, y que teme perder el control de ese mercado.

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source: La Opinión