Los miembros de la Comisión Europea, al servicio de sí mismos y de las multinacionales

Los miembros de la Comisión Europea, al servicio de sí mismos y de las multinacionales

Por Bernard Gensane, Le Grand Soir, 17-11-15

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Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Un informe de la ONG Corporate Europe Observatory, cuya razón de ser es estudiar los grupos de presión que operan en Bruselas, ha establecido una lista de los ex miembros de la Comisión Europea presidida por Manuel Barroso que han encontrado puestos bien remunerados en empresas multinacionales.

Hay tanta porosidad entre la Comisión Europea y estas grandes empresas que constituyen un solo y único mundo.

Así, no sorprendió demasiado saber que la Comisión estaba perfectamente al corriente de los chanchullos a gran escala de Volkswagen y que el Parlamento había decidido votar contra una comisión de investigación antes de autorizar un margen de tolerancia de las emisiones de diesel que seguirán matando aproximadamente 100.000 personas al año en Europa.

Si examinamos la lista de los antiguos comisarios, el conflicto de intereses casi es la regla. Una tercera parte de los comisarios de la era de Barroso son actualmente cuadros influyentes de grandes empresas privadas. La luxemburguesa Viviane Reding, que desde lo alto de su altura moral comparó la política de Francia respecto a los gitanos a la de la Alemania nazi y que fue comisaria de Educación y Cultura, y después de Justicia, ha sido autorizada por la Comisión a formar parte del consejo de administración de la empresa minera belga Nyrstar y del de Kuratorium, una institución que trabaja para promover un tratado de libre comercio entre Europa y Estados Unidos [TTIP].

Karel de Gucht, ex comisario de Comercio y negociador del Tratado Transatlántico, trabaja en la empresa gestora de patrimonio Merit Capital. La mujer de negocios neerlandesa Neelie Kroes, responsable de la privatización de las compañías telefónicas de su país y ex comisaria de Competencia, está en la nómina de Merrill Lynch. El Parlamento europeo había criticado su nombramiento ya que había sido administradora en 43 grandes empresas (entre ellas Thales y PriceWater House Coopers, una auditoría cercana a los servicios secretos estadounidenses). También fue cuestionada en los Países Bajos por la gestión de su patrimonio inmobiliario: en efecto, había omitido declarar varios inmuebles que le pertenecen en Rotterdam y había jurado que no recordaba cómo los había financiado. Por último, se le habían reprochado sus relaciones de negocios con el polémico promotor Willem Holleeder, condenado anteriormente a 11 años de cárcel por el secuestro del magnate de la cerveza Heineken. Ella fue quien notificó al primer ministro francés Villepin la orden de no oponerse a la compra de Arcelor por Mittal. En nombre de la libre competencia una empresa siderúrgica franco-luxemburguesa se iba a convertir rápidamente en un conglomerado anglo-indio.

Igual de molesto es el caso del comisario de Medioambiente, el esloveno Janez Potočnik. Este ex profesor de universidad trabaja actualmente en el seno del Forum for the Future of Agriculture, un grupo de presión creado por la empresa agroquímica Syngenta, líder mundial de la investigación vinculada a la agricultura, en particular a la producción de productos fitosanitarios y que quiere lo mejor para nosotros.

Por lo que se refiere a José Manuel Barroso, actualmente participa en 22 organizaciones privadas, es cierto que en la mayoría de los casos de forma honorífica, aunque todas ellas son muy influyentes, como Bilderberg Conference o European Business Summit.

En opinión de Corporate Europe Observatory, el microcosmos bruselense «lleva a una insana proximidad de relaciones entre legisladores y sujetos de la legislación».

A estas elites económico-políticas no les importan nada los pueblos. La Comisión está estructurada para que reine la opacidad, para que gobiernen las finanzas sin el control de los gobiernos nacionales. Los comisarios son los intermediarios y agentes de la globalización liberal, lo que en concreto implica el fin de las prerrogativas de los gobiernos y parlamentos nacionales. La Comisión está al servicio de la optimización (evasión) fiscal, de los paraísos fiscales, del menor postor social.

Estas políticas las llevan a cabo hombres (y mujeres) cuyo objetivo en la vida ha sido servir a los grandes intereses y que, por lo tanto, al final de sus vida profesional son recompensados con formidables sinecuras, cuando no se trata de simonías.

source: Rebelión