TLCAN aumentó comercio pero destruyó industria nacional mexicana

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TLCAN aumentó comercio pero destruyó industria nacional mexicana

Por Víctor Flores García | 1-9-17

En 23 años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha sido muy pequeña la porción de la población beneficiada, porque "destruyó la industria nacional", dijo a Sputnik Alberto Arroyo Picard, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.

El autor de varios ensayos y libros sobre el tema señala que es un lugar común decir que "el campo mexicano es un desastre", no solo por los efectos devastadores en sectores agrícolas, donde han ocurrido enormes importaciones de la dieta básica como el maíz.

"Pero el daño estructural real es el rompimiento de las cadenas productivas, porque fracasó la estrategia de convertir al sector exportador en el motor de la economía nacional, que fue promovido como el gran sector moderno que jalaría a la pequeña y la mediana industria, eso no se logró", dice el veterano analista de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC), fundada en los años 1990 cuando se negociaba el acuerdo.

El académico formado como sociólogo con los jesuitas recordó que "tal como está el tratado, no hay exigencia de reglas de origen nacionales" a favor de los países.

"Al exportar, no se obliga a producir con un porcentaje mexicano, sino que se rige por las reglas de origen que abarcan toda la región de Norteamérica", dijo el dirigente de la Coalición México Mejor sin TLC.

Por ejemplo, en el caso de la industria automotriz, la regla de origen impone un 62,5% que se debe producir en los tres países del acuerdo, México, EEUU y Canadá, cuya segunda ronda de renegociación se celebra en México del 1 al 5 de septiembre.

Ese mecanismo hizo que México "compitiera a partir de la base de la oferta de mano de obra barata en una industria internacional que rompió con la articulación de la pequeña y mediana industria, que terminó siendo el sector perdedor", prosigue el autor del libro ’Balance de 20 años de TLCAN’.

Encrucijada ante la globalización

Mientras que las autoridades mexicanas festejan que el comercio bilateral con EEUU se multiplicó por cinco, hasta los 530.000 millones de dólares, los datos que ofrece Arroyo Picard son abrumadores.

"Apenas unas 400 empresas de más de 7 millones en el país son el grupo que forman el conglomerado de los grandes exportadores, porque se rompieron los hilos de la economía nacional", advierte.

La industria de las maquiladoras que ensamblan productos manufacturados, mediante el montaje de una parte del proceso de producción para las grandes firmas, "incorpora apenas un promedio de 3% de insumos mexicanos".

El encadenamiento de México a las industrias dominantes globales lo ilustra el caso automotriz: todas las empresas automotrices son extranjeras.

"No existe una sola mexicana y el valor agregado en México es solo de 16% –señala–, que realmente tiene muy poco efecto interno".

El país latinoamericano es una potencia exportadora que se convirtió en un espacio desde el cual exportan las grandes empresas trasnacionales.

"Pero México –critica el investigador– decidió competir para ingresar a la economía mundial por la vía de los precios y costos baratos, y no por la vía de la calidad".

Los éxitos del tratado no han sido trasladados al resto de la economía, lamenta: "En México existía un proceso muy grande de instituciones de exportación muy fuerte, que se rompió".

Como consecuencia, "es el único país donde los niveles de pobreza no han disminuido, y es el que menos ha crecido en la era del TLCAN de toda América Latina".

"El promedio raquítico es un aumento de apenas 1% del producto interno bruto por habitante", indica el académico mexicano que integró la Comisión Presidencial de Auditoría los Tratados de Inversión de Ecuador.

En todos los países aumentó el salario pero en México bajó el salario real, señala: "ésta es una falla estructural, toda la economía privilegia al sector exportador, para favorecer a la inversión extranjera".

El anzuelo de bajos salarios

Al abrir la economía, el Gobierno de México pretende atraer inversión extranjera y exportar.

"Lo cierto es que, a diferencia de otras naciones como Corea [del Sur], que apostó por inversión y tecnología, el modelo mexicano para ser competitivo, fue una apuesta a producir con salarios bajos, que es el único componente manipulable económicamente", sostiene Arroyo Picard.

Los salarios bajos fueron así la estrategia fundamental, ese factor "provocó un círculo vicioso".

"Una economía como esta –argumenta– no puede funcionar con los niveles de pobreza que tiene, sin crecer, quiere vender a los consumidores del propio país, pero los pobres crecen y no consumen", explica la espiral descendente.

Las autoridades mexicanas afirman que el consumo interno crece, pero no ha sido mucho y no ha sido la tendencia dominante de las últimas dos décadas.

"El peso del consumo interno fue mínimo en la era del TLCAN, y ha crecido solo desde la crisis financiera de 2009, cuando se cayeron las exportaciones y aumentó el peso del mercado interno", reseñó Arroyo Picard.

Los bajos salarios son otro freno al consumo y el desarrollo homogéneo.

El balance de nuevo es negativo: "el salario ha caído 75% en el periodo neoliberal que comenzó en 1982, de los cuales 65% se perdieron en la era del TLCAN".

El daño más difícil de superar es la ruptura de las cadenas productivas, explica, porque el sector moderno está desconectado del resto de la economía.

"Es una economía orientada al mercado interno que compra mucho importado; y la mitad de la población está en la pobreza, por esa razón, a pesar de ser una potencia exportadora, la economía no crece, porque los beneficios se van o caen en pocas manos", resume.

La transformación de México comenzó hace mucho, reseña: desde los años 1960 el sector primario agropecuario, minero y pesquero, ya no eran fundamentales, "no es una transformación que solo se deba al TLCAN".

En casi toda América Latina predomina el sector primario exportador de petróleo, minerales y materias primas, en cambio, en México predomina la exportación de manufacturas.

"Pero no son manufacturas mexicanas, sino producidas por armadoras trasnacionales", ataja el crítico.

Eso explica por qué más del 80% de las exportaciones son manufacturas que produce un pequeño conglomerado de unas 400 empresas.

México siempre tuvo una diversificación económica, admite, "pero con el TLCAN, las empresas exportadoras para pasar la frontera sin impuestos no tuvieron controles de reglas de origen mexicanas", que es lo que EEUU quiere imponer ahora con el presidente Donald Trump.

Argumentos en la mesa de renegociación

Es cierto que las empresas se preocuparon por buscar proveedores mexicanos y jalar a la pequeña y mediana industria, como proveedores.

Pero el resultado fue un magro 3% de insumos de origen mexicanos.

"Si los negociadores mexicanos van a buscar a las cadenas productivas globales, deberían negociar posiciones con cierto equilibrio, con un fuerte contenido mexicano", recomienda.

Empero, no es lo que propone el Gobierno de México.

"Un país se puede integrar a la economía mundial desde un proyecto planeado; no solo dejando el proceso a la mano invisible del mercado, que trabaja a favor de las trasnacionales", ironiza.

Una anécdota ilustra este punto: el académico le preguntó a Herminio Blanco, jefe mexicano de la negociación de 1993, cuál era el proyecto de país, en plenas tratativas.

Le respondió: "proyecto de país, ¿para qué?, el mejor proyecto de país es dejar que el mercado modele el proceso del México posible, es mejor no tener proyecto de país".

La lógica del equipo actual jefe negociador, Ildefonso Guajardo, es similar: quitar toda reglamentación y dejar el proceso entero al mercado.

"Pero se debe entrar al mercado con una estrategia nacional", sentencia Arroyo.

La postura de los sectores críticos y proteccionistas en México es que ese tratado se acabe y se negocie una nueva relación.

Trump alega que tiene déficit con todo el mundo, sobre todo con México y China.

Pero la lógica real de la contabilidad es distinta, dice el autor: "cuando un país es el centro del imperio económico, si la compañía Ford exporta un carro es una importación a sí mismo, el dinero vuelve a EEUU por otra vía".

Por lo tanto, no tiene sentido para México tener una balanza a favor si las empresas se llevan las ganancias fuera del país.

México dice que está en la mesa porque quiere incrementar su "factor de competitividad".

"La verdad –replica– es que no competimos con innovación ni con calidad, sino por precios baratos de costos, sobre todo de salarios baratos".

El tema salarial debería entrar a las tratativas, afirma.

Trump critica los 63.000 millones de dólares en las cuentas comerciales a favor de México.

"Pero no dice que terminamos con un déficit en la cuenta corriente de ingreso y salida de divisas, es absurdo", observa Arroyo.

Y termina: "Las empresas gringas producen en México por la mano de obra barata: tiene razón Trump, nos guste o no, es una competencia desleal".

source: Sputnik