CAFTA-RD: Mayor pobreza para las pequeñas economías

9 de Octubre de 2008

CAFTA-RD: Mayor pobreza para las pequeñas economías

Mariela Pérez Valenzuela, Colaboradora de Rebelde

LA HABANA, CUBA.- Participantes en el Foro Social de las Américas, que tiene lugar esta semana en Guatemala, denunciaron que el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito entre Centroamérica y Estados Unidos incumplió hasta hoy todas las promesas hechas por sus impulsadores.

El dirigente de la Red de Monitoreo del TLC, Jorge Coronado, señaló que a diferencia de las supuestas bondades de ese acuerdo económico prometidas por los gobernantes, el déficit comercial se incrementó en Centroamérica y República Dominicana, no así en Estados Unidos.

Citado por la agencia latinoamericana Prensa Latina, Coronado subrayó que lo anterior significa un claro perjuicio para los productores locales, sobre todo pequeños y medianos campesinos y empresarios, cuyos mercados disminuyeron y corren el riesgo de desaparecer.

Precisó que no se cumplió la oferta de incrementar la inversión extranjera; en tanto el desempleo aumentó notablemente en países como Guatemala, donde en un año se perdieron 200 mil puestos de trabajo.

En la actualidad la unidad y las luchas de resistencia son los caminos frente a los TLC que Estados Unidos suscribió con los gobiernos de las pequeñas economías centroamericanas y de otros países.

Tal como pronosticaron analistas, los TLC han conllevado a un incremento de la emigración en la región en busca de mejores oportunidades ante la pérdida de empleos y el empobrecimiento de varios miles de campesinos y de otros sectores de la sociedad.

Si bien es cierto que el ALCA fue detenida con la campaña continental, ese proyecto imperialista adoptó un nuevo rostro en los TLC. De ahí que el reto ahora es atacar sus cimientos neoliberales vertebrando las luchas de resistencia a partir de realidades regionales específicas.

El presidente George W. Bush, quien acusó un notorio fracaso en las aspiraciones imperiales de establecer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) para mantener a la región bajo su dominio, acudió a esta otra variante económica de corte colonialista.

Analistas se preguntan qué beneficios puede proporcionar un Tratado que desconoce los derechos ambientales y de los trabajadores.

Aparentando olvidar la experiencia de México con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLCAN), que arrastró a la pobreza a miles de campesinos en la nación azteca y a un incremento de la inmigración ilegal en busca de oportunidades, Bush se valió de sus artimañas para convencer a varios gobiernos de que los TLCs ayudarían a frenar el movimiento migratorio, una vez que fueran mayores las oportunidades de empleo para los centroamericanos en sus países de origen. Algunos gobiernos cayeron en la trampa.

Según la organización Catholics for Faithful Citizenship, el acuerdo constituye "una sentencia de muerte" para los enfermos de SIDA, quienes poseen menos oportunidades de acceder a los costosos tratamientos para alargar su vida debido a las restricciones en la producción de fármacos genéricos.

Para las mujeres latinoamericanas, trabajadoras o no, los TLC suscritos por sus gobiernos con Estados Unidos profundizan la discriminación y exclusión, en la medida en que en esas naciones el neoliberalismo se arraiga como política económica. Varios países tienen TLC con Washington, entre ellos México, Chile, República Dominicana, y cinco centroamericanos.

Un informe de la organización Oxfam, del año pasado, señala que con estos Tratados, tal como se concibieron, las desigualdades de género ya existentes se pueden ver reforzadas si, en aras de la competitividad, se promueve un modelo de desarrollo basado en el trabajo barato y “flexible”, en lugar de invertir en formación y recursos humanos.

Bajo el título Nuestro futuro por la borda, Oxfam demuestra cómo estos acuerdos imponen normas cuyo alcance compromete las políticas que los países en desarrollo requieren para luchar contra la pobreza.

Según la Oxfam, las pequeñas empresas, los sindicatos, las ONGs, los grupos de mujeres y las poblaciones indígenas de los países subdesarrollados disponen de escasos mecanismos de participación, y sus derechos y necesidades son en gran medida ignorados.

Los TLC con los que Estados Unidos pretende consolidar su dominio económico y político en la región defienden a ultranza el crecimiento corporativo, en la medida en que desconoce el impacto de la liberación comercial para los trabajadores.

La privatización de servicios con beneficios sociales como el acceso al agua, la salud y la educación, que convierte derechos universales en meros artículos vendidos en el mercado, igualmente perjudica.

A su vez, los derechos de propiedad intelectual relativos al comercio desconocen el patrimonio colectivo generado mayormente por mujeres indígenas y campesinas durante siglos.

La apropiación privada por parte de las corporaciones de estos conocimientos afecta la producción, la soberanía alimentaria y la calidad de vida de esas personas.

source: Radio Rebelde