La gran estafa del TLC

La tardía traducción al español que nos ofrece el Ministerio de Comercio en su página web, realizada un mes después de aprobado por los dos gobiernos el tratado, no es un texto reconocido por el gobierno de los Estados Unidos, no es, por así decirlo, un texto oficial. Este sólo hecho pone de manifiesto la gravedad de lo entregado: se renunció inclusive a la soberanía idiomática, violando una vez más, abierta y descaradamente, los mandatos constitucionales.

Redactado en término aún más duros que el abominable Tratado del Canal de Panamá de 1903, merece pasar a la historia con el nombre de "Panamá cede y concede", pues el documento repite hasta la saciedad dichos verbos. El "Breve Resumen del Acuerdo" dado a conocer en la página web de la Oficina Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos, y cuya traducción puede ser consultada en esta entrega de Buscando Camino, no puede ser más contundente y transparente, sobre todo porque se trata de la palabra del amo, ya que la del esclavo no tiene ninguna validez.

¿Qué hemos cedido y concedido?

La Oficina Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos nos informa que el 88% de las exportaciones norteamericanas de bienes industriales y de consumo a Panamá estarán libres de impuestos inmediatamente. De igual manera, más del cincuenta por ciento de las exportaciones agrícolas a Panamá también lo estarán.

Por otra parte, el gobierno de los Estados Unidos se congratula, pues Panamá a firmado con los Estados Unidos "un acuerdo bilateral de largo alcance sobre medidas sanitarias, fitosanitarias y estándares técnicos, según el cual Panamá reconocerá la equivalencia de la inspección de seguridad de Estados Unidos para carnes y cerdo, así como sus sistemas de regulación para productos de comida procesada". O sea que el acuerdo secreto alcanzado en el tema fitosanitario, que obligó al ex ministro Cortizo a renunciar para denunciarlo, nos lo han impuesto sin la menor resistencia.

Hay que destacar que la oficina del Jefe nos revela que existen acuerdos aduaneros que los panameños desconocemos, y que Buscando Camino adelanta que los mismos consisten en permitir la presencia de oficiales norteamericanos en nuestras aduanas.

El Tratado concede a los Estados Unidos la eliminación los actuales obstáculos legales y constitucionales para la inversión por extranjeros en el comercio al por menor, y les garantiza el acceso a los servicios profesionales que por ley están reservados exclusivamente a panameños.

Claro está, los inversionistas norteamericanos tendrán una protección especial que les permitirá ignorar la legislación panameña y acceder directamente al arbitraje internacional.

El Breve Resumen del Acuerdo, ofrecido por la Oficina Ejecutiva del Presidente de los Estados Unidos, concluye con unos interesantes comentarios, en los que destacan que en el año 2005 los Estados Unidos exportaron a Panamá dos mil doscientos millones de dólares, que son los que ahora se beneficiaran con el Tratado, y Panamá exportó a los Estados Unidos trescientos millones de dólares. De igual manera informa que en el año 2005 más del 95% de las exportaciones panameñas a los Estados Unidos estaban exoneradas de impuestos. Y ahora nosotros preguntamos: ¿si el 95% de nuestras exportaciones a Estados Unidos están exoneradas de impuestos, y estas suman trescientos millones de dólares, qué es lo que ganamos los panameños exonerando de impuestos a las exportaciones norteamericanas, que totalizan dos mil doscientos millones de dólares? Sólo desde esta perspectiva, que no es la única ni mucho menos, el TLC no es más que una gran estafa.

Una política antinacional y antipopular

En muy pocos años, si no hacemos nada para impedir su ratificación por la corrupta Asamblea de Diputados, las consecuencias devastadoras del TLC azotarán al pueblo panameño, y no sólo a sus sectores más desprotegidos. Profesionales, industriales, agricultores, obreros, campesinos, etc., serán las víctimas de una política que está desmantelando los fundamentos del Estado Nacional y sometiendo a feroces ataques el nivel de vida de las grandes mayorías.

Súmese al TLC la "Carta de Intención" dirigida al Presidente del Banco Mundial por el Ministro Carlos Vallarino, en la que sin sonrojo alguno, y en un contexto de mentiras y fábulas extremas, le comunica "que estamos explorando mecanismos financieros para utilizar los activos del Estado en la reducción de los pasivospúblicos". Dicho en buen panameño, estamos viendo cómo aceleramos la venta de la Patria. Más adelante, y refiriéndose a la deuda externa que en sólo dos años el gobierno ha aumentado en más de 1.500 millones, el Ministro confiesa: "También el Estado cuenta con activos que potencialmente pueden ayudar a reducir la deuda. Por consiguiente, se están evaluando alternativas y estudios, incluyendo la posibilidad de venta, concesión y apertura al sector privado en ciertas actividades actualmente reservadas al Estado." ¡Más claro no canta un gallo!

Esta confesión abierta y descarada del Ministro Vallarino es la que explica la total claudicación del Gobierno de Martín Torrijos ante el TLC (con el silencio y satisfacción cómplice de los precandidatos Juan Carlos Navarro, Samuel Lewis Navarro y Ernesto Pérez Balladares) y de la totalidad de los partidos de la malllamada oposición, pues no se opone a nada, incluyendo a los "díscolos" de Endara y Martineli. Y explica también la próxima privatización, con perdón, "externalización" de los servicios hasta ahora públicos de salud, a través de la tramposa propuesta del llamado, ingeniosamente, "Grupo Técnico de Garantes".

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