Agricultura y alimentación

Los tratados bilaterales de libre comercio e inversiones afectan seriamente las vidas de los agricultores y los consumidores de alimentos. Ante la virtual paralización de las conversaciones sobre agricultura en la OMC, con cada vez mayor frecuencia se están utilizando ahora las negociaciones de acuerdos bilaterales y regionales de libre comercio como vía para profundizar la liberalización en el agro, o con la expectativa de lograr acceso a nuevos mercados para las exportaciones agropecuarias.

Los grupos de presión de las empresas de agronegocios han sido en general críticos de la tendencia a excluir de los TLC bilaterales los alimentos y productos agrícolas sensibles. Por eso, ahora los TLC se usan a menudo para obligar a abrir los mercados a los productos agrícolas que fueron exceptuados en negociaciones comerciales anteriores, y también para eliminar obstáculos no arancelarios tales como determinadas normas asociadas a los alimentos.

Muchos TLC no solo incluyen capítulos sobre agricultura, sino que al igual que la OMC, a menudo incluyen disposiciones o capítulos sobre normas sanitarias y fitosanitarias (SPS por sus siglas en inglés) y sobre obstáculos técnicos al comercio (OTC), que restringen el poder de las comunidades locales y los gobiernos nacionales de establecer sus propias normas con relación a la bioseguridad, la inocuidad de los alimentos y otras aspectos de interés de la salud. De otra parte, los TLC también acrecientan el poder y el control de las grandes empresas de agronegocios sobre las semillas y la biodiversidad mediante la introducción de disposiciones del tipo ‘OMC-plus’ en materia de propiedad intelectual (ver Derechos de Propiedad Intelectual), y cláusulas de liberalización de las inversiones que les facilitan a las empresas e inversionistas extranjeros apoderarse de las tierras y la producción nacional de alimentos (ver el capítulo sobre Inversiones).

La agenda del libre comercio en la agricultura fue fijada por y para las grandes empresas de agronegocios. Los pequeños agricultores están en la cuerda floja en todo el mundo a medida que se recortan los aranceles de importación y se eliminan los subsidios y los controles de precios, en caso que existieran. Entre tanto, se permite que los productos agrícolas estadounidenses y europeos, altamente subsidiados, inunden los mercados locales y acaben con la producción local. No es casual que los agricultores coreanos hayan estado al frente de las movilizaciones contra el TLC de Corea y Chile, la OMC y el TLC de Corea y Estados Unidos, ni que los campesinos de México, América del Sur y América Central se hayan movilizado contra la OMC, el TLCAN/NAFTA, el CAFTA, el ALCA y numerosos TLC bilaterales.

La experiencia de los campesinos mexicanos con el TLCAN, después de casi dos décadas de aplicación del tratado, los ha dejado sin ninguna ilusión respecto de las promesas del libre comercio en la agricultura, y los ha llevado a estar en la primera línea de la resistencia contra ese tratado. EL TLCAN ha inundado a México con maíz estadounidense barato, subsidiado y a menudo transgénico, vendido a precios que están por debajo de los costos de producción, y frente a los cuales los campesinos mexicanos no pueden competir. Eso ha provocado migraciones masivas de campesinos desplazados, pobreza y hambre, empujando a la gente hacia las ciudades y las maquiladoras (fábricas de explotación extrema), y forzando a muchos a arriesgar sus vidas cruzando la frontera con Estados Unidos, crecientemente militarizada, en busca de empleo.

Mientras que Estados Unidos y la UE les exigen a los demás que les abran sus mercados a los productos, servicios e inversiones estadounidenses y europeos, la posición de estas potencias en los tratados de libre comercio bilaterales no hace más que justificar la crítica de que Washington y Bruselas dicen una cosa sobre el libre comercio, pero hacen otra muy diferente.

Por ejemplo, la industria azucarera estadounidense logró que los negociadores comerciales estadounidenses excluyeran el azúcar del TLC firmado con Australia, el cuarto productor de azúcar del mundo. La negativa de Estados Unidos a abrir su mercado a las importaciones de azúcar australiana nuevamente avaló el cuestionamiento a Washington por tener un doble discurso, ya que le exige liberalización a otros países pero mantiene las protecciones para sus propios empresarios agrícolas grandes. En el mismo sentido, tanto en el TLC con Australia como en otros TLC con países agroexportadores, las concesiones que ha dado Estados Unidos a la hora de reducir los aranceles agrícolas para las importaciones (como en el caso de la carne y los lácteos en el TLC con Australia).han sido mínimas.

La agricultura ha sido un aspecto polémico en otros acuerdos de libre comercio. Los agricultores coreanos lideraron la oposición sostenida a los TLC de Seúl con Chile y con Estados Unidos, preocupados por el impacto de la avalancha de importaciones baratas sobre sus medios de sustento (en el caso de Estados Unidos, Washington insistió en que Corea aceptase pleno libre comercio para el arroz). Después del TLC de 2003 de Tailandia con China, en el cual se eliminaron los aranceles para un número significativo de frutas y verduras de origen chino, y que tuvo por consecuencia la inundación del mercado tailandés con productos baratos provenientes de China, los agricultores tailandeses y otros comenzaron a cuestionar la razón de ser de la liberalización de la agricultura a través de los TLC, cuando el resultado es la destrucción de sus medios de vida y la amenaza de verse desplazados de sus tierras.

Al firmar un TLC con Estados Unidos y la UE, los gobiernos renuncian a su derecho a controlar las exportaciones e importaciones de alimentos. Eso también está generando resistencia. Por ejemplo, las movilizaciones de masas que tuvieron lugar en Corea del Sur pusieron de relieve las preocupaciones sobre la inocuidad de los alimentos, motivando la vigorosa oposición a la reanudación de las importaciones de carne desde Estados Unidos que estipula el TLC de Corea con Estados Unidos. La Vía Campesina es un movimiento mundial de campesinos y pequeños agricultores que se moviliza contra las empresas de agronegocios que se están adueñando de la agricultura, contra la biotecnología y contra los acuerdos de la OMC y otros tratados de libre comercio, y en defensa de la soberanía alimentaria. Cada país, argumenta, debe tener derecho a definir sus propias políticas agrícolas para satisfacer sus necesidades nacionales.

Eso debería incluir el derecho a prohibir las importaciones para proteger la producción nacional, y una reforma agraria genuina que les brinde a los campesinos y pequeños y medianos agricultores acceso a la tierra. En su quinta conferencia internacional en Maputo, Mozambique, en noviembre de 2008, La Vía Campesina se comprometió a redoblar su lucha contra los TLC y los EPA, después de haber reclamado anteriormente la suspensión y anulación de cualquier negociación en materia de producción y comercialización de alimentos tanto del ámbito de la OMC como de todos los TLC bilaterales y regionales.

última actualización: mayo de 2012


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    Enlaces

  • Agritrade: EPAs
    News & commentary specifically on the agricultural trade negotiations within the EU-ACP Economic Partnership Agreements, run by CTA (English/French)
  • Comparing EU FTAs: Agriculture
    Looks at the agricultural trade provisions of the EU’s seven Mediterranean agreements and the FTAs concluded with South Africa, Mexico and Chile
  • Institute for Agriculture and Trade Policy (IATP)
    IATP is a non-governmental organisation based in Minneapolis, MN that focuses on the link between international policy and local action for sustainability in the food system
  • La Via Campesina
    La Via Campesina is an international movement of peasant organisations, farm workers, rural women and indigenous communities. (English, Spanish, French, Portguese)